Un total de 11 torres convirtieron Alcaine en una fortaleza difícil de franquear en los agitados tiempos de la Edad Media. Su construcción se atribuye a los musulmanes, allá por el siglo XI., aunque terminaron en manos cristianas durante la Reconquista. También el nombre de Alcaine y algún accidente geográfico como el cabezo de Benicozar, tienen el mismo origen árabe.
Hoy las torres están deterioradas y dos de ellas fueron adaptadas para palomares. Del antiguo castillo o alcázar musulmán sólo quedan restos de sus atalayas y planta pero, a pesar de ello, el recorrido nos muestra la importancia defensiva que alcanzó todo el conjunto, al tiempo que disfrutamos de unas vistas espectaculares de la localidad y sus pasos naturales, y del impresionante conjunto de pliegues angulares junto al río Martín.
La ruta se inicia en la plaza de la iglesia, siguiendo hasta los antiguos lavaderos. En mitad del paseo encontraremos una mesa informativa sobre el conjunto defensivo y la orografía del entorno. Una corta bifurcación nos conduce hasta la cueva de los Esquiladores, utilizada como almacén de provisiones en épocas de conflictos y para labores ganaderas.
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